Introduction.
Meditar es en esencia aquietar la mente. No es fácil, pero con práctica y constancia cualquiera puede aprender a hacerlo.
En India suelen comparar a la mente humana con un mono salvaje: curioso, alerta, inquieto e irreflexivo. Y ya que todos venimos al mundo con nuestro mono, si no queremos que nos meta en problemas, lo mejor es que aprendamos a adiestrarlo.
Pero no confundamos adiestrar con domesticar. La mente es una herramienta estupenda y debemos conocer y respetar su naturaleza para desarrollar todo su potencial. Por lo tanto, si esperamos que se convierta en nuestra aliada en vez de nuestra enemiga, debemos ser pacientes y tratarla con respeto y cariño.
Observar.
Tómate un par de minutos tres veces al día para observar a tu mente como si observaras a un mono que anda dando vueltas por ahí. No intervengas ni juzgues, sólo obsérvala para descubrir sus hábitos y preferencias.
Lo ideal sería que hicieras este ejercicio por las mañanas (mientras te duchas o te cepillas los dientes, por ejemplo), en algún momento del día (en el trabajo, el autobús al volver a casa) y antes de dormirte por las noches.
Cuando hagas este ejercicio es fundamental que no te identifiques con tu mente y sus pensamientos. Obsérvala como si no te perteneciera, así podrás ser objetivo y conocerla realmente.
Persuadir.
Si descubres tendencias y hábitos que no te benefician, persuádela de modificarlos. ¡No la obligues o se revelará contra tí! Si por ejemplo a la mañana descubres que está quejosa, con ganas de conflictos porque la sacaste de sus sueños para arrastrarla a un trabajo que no le gusta, dile que no se aflija, pues pase lo que pase durante el día, pronto llegará la noche y podrá regresar a ellos. ¡Y prométele que comenzarás a evaluar alternativas laborales! No condenes a tu mono a vivir en una jaula o un circo…
Adiestrar con dulzura.
El primer estadío de la meditación es la concentración mental. Busca un horario y un lugar para estar a solas con tu mente unos quince minutos y pídele que se concentre en algo que sea de su agrado. Puede ser una vela encendida, un objeto atractivo, un sonido agradable, una imagen mental o tu respiración.
Al principio ella se escapará a los pocos segundos. No te enfades; observa a dónde va, qué es lo que la atrajo más, y luego vuelve a traerla al foco de atención con la misma dulzura con la que traerías a un niño curioso e inquieto que se te escapa a cada rato. Muéstrale algún aspecto de ese objeto que despierte su curiosidad y verás que de a poco se irá concentrando en él por más tiempo.
No olvides que en esta etapa inicial lo más importante es conocer a tu mente. Sólo así podrás desarrollar una buena estrategia para convertirla en tu aliada.
M. K. Gowda